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martes, 21 de agosto de 2007

La madre de todos los hombres


La actriz Valentina Pacheco encarna a una mujer que busca su identidad.




Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar
En nuestra provincia hay poquísimas posibilidades de ver el tipo de teatro que se hace en otros países del mundo. Teatro, teatro; ése que tiene una búsqueda conceptual, que no adscribe a modas comerciales y facilistas sino a planteos estéticos de riesgo artístico (¡ojo!, no se deje llevar por la perversa sentencia de la industria que anuncia que toda obra teatral que no se rija por sus parámetros es inentendible, aburrida o sólo para “intelectuales”: le están mintiendo). En Mendoza, decíamos, hay pocas oportunidades de codearse con lo que una poética con otros horizontes geográficos puede provocar en el espectador. La presentación de la obra “La herencia de Eva”, interpretada por la actriz ecuatoriana Valentina Pacheco, parece una de esas escasas ocasiones.

Veamos cómo es que llegó a cristalizarse esta posibilidad. Pacheco buscaba la forma de “zafar” de los espectáculos condescendientes (comedias, en su mayoría) que suelen atiborrar las salas de su país (¿acaso no le es familiar este mapa descriptivo?); estaba interesada en actuar sola y sondear en su propia manera de entender el teatro. Y lo hizo. Formó el grupo Teatro Atemporal y se lanzó a rodar con éste, su primer espectáculo. Durante todo ese trayecto se topó con el elenco mendocino La Rueda de los Deseos (uno de los grupos locales que apuesta al teatro como una búsqueda artística) y, rápidamente, hicieron buenas migas: los mendocinos la invitaron a presentar su espectáculo aquí y Valentina les propuso que trabajasen juntos en otros gigantes y entusiastas proyectos. Hasta aquí las coincidencias vitales que la trajeron a Mendoza. Pero, por otra parte, la génesis del espectáculo que se verá esta noche es también altamente interesante; dejemos que sea Valentina quien nos lo cuente.

-¿Cómo surgió esta obra?

-De la inquietud de independizarme. Formé mi propio grupo y pensé en trabajar esta obra, con textos que venía escribiendo sobre los orígenes de la mujer. Es una investigación acumulada por 18 años. Dieter Welke vino a Ecuador a dirigir una obra de Harold Pinter, y justo por esa época yo estaba planeando esta obra. Le propuse que me dirigiera; la única manera de hacerlo, era que le pagase por producir y hacer el trabajo porque él se volvía para Europa. Reuní el dinero, Dieter vino desde Alemania y comenzamos a trabajar.

-¿Por qué querías que él te dirigiera?

-Era el indicado: porque es un artista europeo con una estética distinta a la del lenguaje latinoamericano, porque es un director muy exigente y perfeccionista, y porque a pesar de que viene de un país tan distinto conoce mucho sobre el teatro latinoamericano.

-¿Cómo hicieron para armar este proyecto si vos estabas en Ecuador y él en Alemania?

-Mientras él se fue a Alemania, le pasé mis textos a un compañero para que los compilara. Cuando Dieter vino a Ecuador a dirigirme, nos encontramos con que lo que había quedado de esos textos no tenía nada que ver con lo que queríamos, así que terminó él escribiendo y compilando los textos; además de darle una poética y una plástica. Dieter estuvo un mes y medio en Ecuador haciendo la escritura, el montaje, la producción y la confección del espectáculo y se fue. Yo lo estrené cuando él se había ido, en la Asociación Humboldt, en enero de este año. Mendoza es el primer lugar al que viene la obra fuera de mi país.

-¿Cuál es el abordaje que le diste a esos textos?

-Tienen un tinte existencial y psicológico, que a mí siempre me interesó buscar en el teatro.

-¿Qué es lo que verá el espectador, cuál es la poética de la obra?

-La escenografía es una cámara blanca, en alusión a muchas cosas: la cámara de tortura, la nada blanca... La iluminación también es muy interesante. En Ecuador no tenemos experiencia en vestuario, escenografía, iluminación; son cosas que hacemos los mismos integrantes del elenco sin habernos especializado en eso. En esta obra Dieter hizo un diseño lumínico donde se crea un ambiente y se plantea también un personaje.

-¿Qué personaje es el que asume la luz?

-El que narra el paraíso, los lugares que contienen a los otros personajes: la celda, la nada, el limbo, la muerte.

-¿Y la música?

-Hice un tema que canto en la obra. Pero es una puesta tan minimalista que rechaza más que eso. Yo había hecho un títere, para corporizar a uno de los personajes, pero Dieter lo quitó. (ríe) Ni títere, ni música, pero una gran tensión dramática que dura sólo 45 minutos.

-¿Cuáles son los otros personajes?

-Genoveva está encerrada en una celda. Todos la creen loca, pero no lo está (se ríe), no lo está. Finalmente ella resuelve su delirio, aunque no te diré cómo para reservar el final. Ella se enfrenta a varios desdoblamientos de su personalidad: la niña, Eva, la madre -que es todas las madres-, la amiga, la actriz... Porque en este personaje también he buscado confrontarme con el espectador. Es una actuación que pasa por muchos quiebres psicológicos.

-¿Cómo abordaste el proceso de entrenamiento actoral?

-Ha sido un trabajo arduo porque acudo a las personalidades de estos personajes. Incluso fui a un manicomio a enfrentarme con la locura y también a confrontarme conmigo en ese sitio. Esos quiebres de los que te hablo se ven en lo corporal, en la voz, en los pasos, en el estado anímico.

-¿Qué cuenta la obra?

-No es una historia sino un texto que tiene una circularidad y se expresa como una denuncia. Hay una frase de Eva que dice: “No quiero perpetuar más esta plaga humana que infecta al planeta con sus basuras e hipocresías”. Éste es un ejemplo del tipo de texto del que se trata. Es una obra que no tiene concesiones con el espectador: es dura, fuerte.

-¿Cuáles son tus proyectos, luego de Mendoza?

-Con “La herencia...” planeo viajar a distintos festivales internacionales; no hacer una temporada, porque no es una obra para temporadas. Tenemos también, con la gente de La Rueda de los Deseos, un importante proyecto de intercambio; basado en el texto de Kafka, “Un artista del hambre”. La idea es estrenar esta obra que haremos juntos, en Ecuador y en Mendoza, y luego llevarla a Europa -a España y Alemania-, junto con “La herencia...”.

-¿Cuál fue la respuesta del público ecuatoriano frente a esta obra?

-Fantástica. Me han dicho cosas maravillosas. Ahora, en la sala, el público no puede reaccionar; es como si les jalaran de un hilo que los lleva a otro estadio. Es unaLA HERENCIA DE EVA.



















La Herencia de Eva trata de interrogar el mito bíblico a partir del desdoblamiento del ser humano, conciente de si mismo, de la mujer como fuente de razón y de locura.
Genoveva, una mujer encerrada en una célula blanca, habla con si misma y con sus desdoblamientos, buscando liberarse de la doble carga de su existencia, la de ser humana, la de ser mujer.
Su anhelo de pureza y de amor va más lejos que la vida misma.

La Herencia de Eva es un ensayo sobre la locura. obra fuerte.


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